Mambear

Nos gustaba mambear al color de la tarde. Fuimos un par de Samsas con las patas mirando el techo manchado de olvido.

Mamá

Dejé de tenerle miedo a la muerte cuando mi madre regresó para mostrarme los papeles de mi lugar en el panteón. —Siempre tan previsora. —¡Y tú, tan distraída! entiende, no voy a levantarme de mi tumba cada vez que intentas irte conmigo, ¡entiende! cada quien su vida, cada quien su muerte.

Todos me miran con sospecha…

Todos me miran con sospecha cuando les cuento que soñé con tu muerte.

A la luz tenue de los sirios llorosos veo sombras y un delirante murmullo que no necesito atestiguar, sé que son los lamentos de tus viudas tristes.

Ya suena una serenata de amor fingido para arrullar tu sueño definitivo.

Todos me miran con sospecha cuando les cuento que soñé con tu muerte, seis meses antes de que se te quemara el corazón…

Tic, tac, tic, tac.

Te enterré sin flores sin rezos y entonando la canción que nunca me enseñaste.

Señor corazón de cenicero ¿por qué me odiaste tanto si

no me quisiste nunca?.

Todos me miran con sospecha cuando les cuento que soñé con tu muerte.

Ella me pregunta con la mano en el pecho, —¿qué pasa?

—Es Manuel, ya murió.

Le contesto con paz en la garganta pero sus ojos negros no dejan de llover.

El Sr. Arquitecto le sopló a sus últimos castillos de aíre. Mírate que solo quedaste.

Todos me miran con sospecha cuando les cuento que soñé con tu muerte.

Debajo de las cobijas me repito como niña. —no llores, es otra pesadilla. Ahora escucho clarito las voces de los que se fueron antes y ahora me visitan.

Es cierto eso que ya se apagó tu aplaudida voz y como siempre, ni adiós dijo tu sombra.

Todos me miran con sospecha…

Te fuiste dejando tu ojos,

una madre con culpa,

dos hijos adoloridos,

la lealtad de la mujer,

y hasta una niña desconocida.

A mí no me dejaste nada,

ni siquiera rencor.

Te echaron tierra que no quise regar, la cuota de llanto ya estaba cubierta.Porque de todo lo que no me enseñaste, mírame, aprendí mucho más.

Todos me miran con sospecha cuando les cuento que soñé con tu muerte, seis meses antes de que se te quemara el corazón. Seis meses después pedí que te arrancaran los ojos, ¿será por eso que ya no te sueño?.

No

No, no la culpes, tenía prisa, mucha prisa por salir de los jodidos tenis rotos, prisa de escupirle al mundo y desde sus tacones altos y costosos decir: “Yo soy la cabrona, la bonita y sino lo compro”.

Vestida de piel y deseada por alguien de poder, ella olvidó los tenis y se subió en sus Ferragamo… tenía prisa de gritarles a todos: “Pago lo que sea, por que puedo” Y pagó, porque lo primero que aprendió en la calle es el precio que tiene todo.

La compraron, le pagaron, pagaron por su vida y pagó. No la culpes, sólo tenía prisa… y de prisa se marchó.